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Miedo al agua

Hola queridísimos lectores espero que este relatos les guste ya que sale de un calentón enorme que llevo mientras lo escribo. Sobretodo disfrútenlo y diviértanse.

Pablito es el típico chico debilucho y enfermizo que todos hemos tenido en clase, sus alergias y su desordenada forma de vestir le convertían en el patito feo de todas las historias solo que no había manera de convertirlo en un cisne. Desde siempre se le recordaba sucio y un fétido aroma asomaba solo con aparecer su sombra por al lado.

No era la primera de vez que Pablito tenia problemas con los demás alumnos de clase, normalmente por culpa de su comportamiento tímido y distante así como la bravuconería de los compañeros mas expeditivos.

La profesora de Pablito era una mujer mayor de unos 60 años no muy bien conservada y aire inquisidor bastante lejos de la realidad aunque como todos los profesores de la vieja escuela tiene un rigidez y temperamento en clase que los alumnos se sienten en un eterno castigo.

Después de la ya sabida pelea diaria de Pablito con los correspondientes bribones de turno y que nunca conseguía ganar. Es decir, que nunca peleaba ya que los valientes compañeros cual buitres solo buscan en grupo y a aquellas presa mas debilitadas y cercanas al fin de su existencia y ese sin duda era Pablito.

Esta vez no todo fue igual, en uno de los muchos empujones Pablito cayó sobre las plantas que cuidaba su profesora al lado de la clase y que tanto estimaba. Se aplastaron, rompieron los tiestos y las flores entristecieron casi a la primera mirada de la profesora. Su cara se fue tornando cada vez mas de una mirada de tristeza y desesperación a una de furia incontrolada con cierto grado de locura. Los buenos compañeros de Pablito no tardaron ni un suspiro en señalarle con dedos acusadores como máximo responsable del suceso.

La cara de Pablito era toda una epopeya de la injusticia e impotencia. Sabia perfectamente que no podía , es más no debía, defenderse si no quería empeorar las cosas. Notaba que esta situación era diferente a las anteriores, sus compañeros no se reían a escondidas de la situación, sino que también tenían caras de suspense y temor a la vez. Pablito empezó a entender una sensación para él desconocida, la seguridad de que algo malo iba a pasarle.

La profesora se llevó a Pablito al despacho del director sin mediar palabra solo con miradas furtivas llenas de rencor e ira. Pablito se empezaba a resignar como cordero llevado al matadero y que sabe a ciencia cierta que será su último destino y que posiblemente nunca vuelva de él. Él se quedó en la puerta del despacho mientras la profesora entrada con buena educación en el despacho del director, llamando primero a la puerta y entrando después de sentir el típico "adelante".

La puerta se cerró lentamente y Pablito sentía como se cerraba su futuro en ese colegio al mismo ritmo que la puerta caía sobre su alargada sombra. Pablito realmente estaba asustado porque aún estando acostumbrado a ir al despacho del director por las pequeñas trifulcas escolares esta vez no era él el que estaba dentro del despacho y por lo tanto no podía defenderse de los ataques que pudiera recibir. Sabía sin lugar a dudas que era su fin y el de su futuro. Por su mente estaban las continuas regañinas de su madre sobre el importante esfuerzo económico que realizaba la familia para que él pudiera estudiar en un colegio de elite como este. La sola imagen de decepcionar a su madre le impedía respirar y su corazón se aceleraba más de lo que él había notado nunca. Estaba convencido que esta vez se acabaría todo.

Durante unos eternos 15 minutos al ritmo del ruidoso segundero del enorme reloj que presidía el pasillo. Pablito había jugado mi partidas de ajedrez en los adoquines destonificados del pasillo. Única manera de liberar su tierna mente de la realidad que allí se acercaba cual sombra en la noche. Solamente se sentía voces y llantos dentro del despacho y no eran comprensibles aunque su imaginación, entre partidas de ajedrez , simulaba la conversación una y otra vez . La imagen de su madre llorando desconsoladamente era ya casi una predicción de su futuro inmediato.

Sin esperarlo se abrió la puerta del despacho apareciendo la silueta de la profesora justo en medio del umbral e indicándole que ella se iba a clase y ahora el director quería hablar con él. Armándose de valor y respirando profundamente se atrevió a entrar en despacho que tan bien conocía.

El director mucho mas tranquilo que la profesora le invitó a sentarse en el sillón que había al fondo del despacho mientras él hacia una llamada. Por supuesto él sabia quien iba a ser el interlocutor de la llamada. No se equivocó. El director después de tranquilizar a la madre de Pablito por tan inesperada llamada acordó en tener una reunión esa misma tarde en su despacho para hablar sobre él y su situación en el colegio.

Pablito estuvo lo que restaba de horario escolar en el despacho del director observando como trabajaba y ocultándose de algunas miradas furtivas que este le propinaba para comprobar como se encontraba. Algún tiempo después se oyeron unos pasos firmes y rápidos que sin duda le eran familiar, su madre había llegado y ya se encontraba en la puerta del despacho. Pablito rápidamente se giró y observó como su madre entraba en el despacho. La madre de Pablito se llama Pilar y es una mujer tremendamente atractiva que a sus 36 años era capaz de ensombrecer a cualquier modelo esquelética que abundan en nuestros días. Era una mujer de sinuosa donde a los hombres nos gusta marearnos, tez blanca y ojos verdes oscuros de salvaje selva, nariz respingona a lo Cleopatra, labios finos aunque remarcados por el maquillaje eran increíblemente hipnotizantes cuando hablaba, cabellos ondulados y largos cuyo color recordaba una magnifica puesta de sol, piernas largas adornadas con unas caderas firmes y contoneantes además de unos senos grandes para nada caídos.

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Pablito fue invitado a salir del despacho y allí estuvo absorto en pensamientos volátiles hasta que su madre salió del despacho con cara de preocupación. Lanzó una mirada a Pablito y lo cogió del brazo para regresar a casa. Pablito sabía que cuando llegaran sabría por fin que iba a ser de él y su futuro a partir de ahora por lo que se mostraba intranquilo en el coche mientras su madre conducía. No hubo palabras por ninguno de los dos bandos hasta llegar a casa.

Su madre entró en la cocina dejó las compras que traía en el coche mientras Pablito que ya conocía la rutina de las regañinas de su madre se acomodaba en el sofá del comedor esperando que comenzara el espectáculo. De repente observó a su madre en el umbral de la puerta de la cocina mirándolo y extrañamente además. Nunca había visto a su madre con esa mirada de preocupación y desesperación y eso hacía sentir a Pablito como el ser mas despreciable del universo. Cómo podía haber hecho sufrir alguien como él a un ángel como su madre.

Su madre por fin pronunció sus primeras palabras y no fueron como él esperaba. Su tono era suave y conciliador, para nada como las otras veces. Esto extrañó mucho a Pablito que a sus 13 años no recordaba así a su madre en ninguna situación. El resumen de la conversación fue que con su ayuda Pablito tendría que cambiar ciertos hábitos tanto en su comportamiento como en su higiene. El primer punto para Pablito no era ningún problema insalvable pero el segundo era impensable. Pablito padecía hidrofobia desde que de pequeño casi se ahoga durante un veraneo de sus padres en una ciudad costera. Desde ese día Pablito no había conseguido volver a rodearse de agua ni para tomarse una ducha cosa que explicaba su olor. Se limpiaba con paños mojados y esponjas, sin duda parecía un gato lamiéndose para limpiarse.

El plan de su madre era ayudar a Pablito a tomar su necesitado baño y así intentar que superara su fobia al agua. Esto inquietaba tremendamente a Pablito, ya que para él el agua le provocaba un pánico irracional que para su tierna edad era insuperable. Estuvo toda la tarde intentando encontrar un plan de fuga que contentara a su madre y pudiera librarle a él de la ducha. Sabia que su madre era vergonzosa con su físico aunque él nunca entendió por que y creyó que si conseguía avergonzar a su madre esta se preocuparía más de su vergüenza que de la ducha y salvaría la primera batalla.

Llegó la hora H del día D y Pablito se dirigía extrañamente decidido al cuarto de aseo detrás de su madre observando el contoneo de sus caderas en el pantalón de pijama que solía utilizar cuando hacia trabajos en casa. Otras muchas ocasiones Pablito había quedado hipnotizado por la misma visión cuando su madre arreglaba el pequeño jardín detrás de casa o pasaba la aspiradora.

Su madre empezaba a desconfiar, pues no creía que esta última conversación con su hijo hiciera efecto, ya que las anteriores ocasiones no había sido así. La madre de Pablito se remangó la blusa fina que llevaba, a la altura de los bíceps y procedió a desnudar lentamente y con mucho mimo a Pablito. Cada prenda que quitaba aprovechaba para acariciarlo y abrazarlo sin quitar la vista de sus ojos. La intención de la madre de Pablito no era otra que la de hacerlo sentir seguro y protegido delante del paso que iba a dar. Pero el resultado más bien fue otro. Pablito cada vez se sentía más intranquilo, su cuerpo estaba reaccionando de una manera que él no esperaba y desconocía completamente. Su temperatura iba subiendo sin poder controlarla, sentía cosquilleos cada vez más inquietante en su abdomen y subían hacia su pecho hasta acelerar su corazón cada vez un poco más. Por último Pablito notaba que su calzoncillo era cada vez más estrecho pero no era capaz de desviar su mirara de los ojos de ese ángel que tenia delante.

La madre de Pablito se giró para abrir el agua caliente y así controlar la temperatura del agua, no quería de ninguna manera que por alguna absurdidad Pablito se asustara más de lo debido. Pablito bajó su mirada hacia sus calzoncillos con el fin de averiguar que ocurría y se sobresaltó al comprobar lo que allí anunciaba su presencia. Era la primera vez que le pasaba algo así, y aunque era ciertamente placentero también sentía gran vergüenza aunque desconociera el motivo. Instintivamente llevó sus manos a tapar la zona en cuestión y aceleró su plan para librarse de aquella situación aunque por un motivo diferente. La ducha había pasada aun segundo plano, quería salir de allí corriendo sin mirar atrás.

Al girarse s madre observó a Pablito que yacía quieto y con las manos tapando sus partes y comentó en voz alta:

-Vaya no sabía que eras tan vergonzoso. Olvidaba que con 13 años ya eres todo un hombre. Y los hombres no le tiene miedo al agua.

Pablito alzó su mirada hacia su madre y le contestó:

Mamá, me da miedo. No quiero entrar ahí con tanta agua. Seguro que me ahogo.

No seas tonto. Yo estoy aquí para que no te pase nada malo. Y ahora quitate la ropa y ven aquí.

No de verdad, que me da mucho miedo.

¿Si te demuestro que no pasa nada vendrás?

El silencio fue la respuesta de Pablito. Su madre pensó que eso era mejor que un no categórico como en las anteriores ocasiones. Se arremangó el pijama por encima de las rodillas y entró en la bañera demostrando que no pasaba nada.

Pablito seguía mirando fijamente a su madre intentando hacer desaparecer la hinchazón que tenia en sus calzoncillos pero no sabía como. Se le ocurrió otra excusa para que su madre pasara más vergüenza y siguió su plan.

Eso no se vale por que tú eres mas alta que yo y llegas al fondo de la bañera. Yo soy mas bajito que tú y seguro que me ahogo.

Vamos Pablito que no soy mucho más alta que tú. Si me pongo de rodillas soy incluso más bajita que tú y verás que no me ahogo.

Salió de la bañera con los pies chorreando y se quitó el pantalón que llevaba dejando ver a Pablito sus braguitas. Ignoraba que las braguitas fueran mas pequeñas que los calzoncillos y eso le extraño. Pablito no dejaba de mirar las piernas y el culo de su madre y empezó a sentirse avergonzada. El plan de Pablito empezaba a surtir efecto. Entró en la bañera y se arrodilló, el agua acariciaba sus muslos y con el vaivén de del agua se mojó un poco sus braguitas haciéndolas transparentes y por lo tanto dejando ver aquello que tanta curiosidad despierta en los adolescentes.

Ya te lo he demostrado. No te ahogas si entras. Vamos Pablito quitate los calzoncillos y ven que yo no me muevo de aquí para ayudarte.

No sé mamá. ¿Y el agua de la ducha? Seguro que no me va a hacer daño. Quiero verlo.

Su madre estaba a punto de perder la paciencia, entre la vergüenza que sentía por mostrarse así delante de su hijo y por la impotencia por que no conseguía ayudarlo. Recordó las palabras del director, esta sería la última oportunidad de Pablito y por lo tanto no se podía rendir.

Está bien, te lo demostraré. ¿ Me prometes que entraras entonces?

Estaba sorprendido, su madre nunca había llegado tan lejos al empezar a desabrocharse la blusa delante de él. Poco a poco se iba abriendo el escote de su madre y pudo observar la belleza de esos cántaros de leche maternal ya casi olvidados pero que dejan huella en el subconsciente.

Abrió el agua de la ducha y se mojó entera para demostrar que no sucedía nada de lo que pudiera temer. Su sujetador tomó el mismo camino que sus braguitas y Pablito pudo observar casi al 100% como era una bella mujer desnuda. Sus pezones estaban erectos por el agua y se podía ver con claridad el famoso montículo de Venus.

Pablito se sintió como una fiera enjaulada sin escapatoria. Una situación tan desesperada pedía acciones desesperadas. ¿Pero cual? Mientras su mente intentaba descubrir que podía hacer noto como sus dedos estaban de alguna manera explorando la hinchazón del calzoncillo y su mente se abrió. Si le enseñaba a su madre lo que le ocurría esta seguro que se asustaría y conseguiría salvar la situación y sin dudarlo se bajó la tan estimada prenda.

Los ojos de su madre se abrieron de manera desorbitada, no podía creer que su querido hijito tuviera una erección. Pero si es muy joven, pensaba. Y como había sucedido este acontecimiento. Se empezó a señalar a ella misma como la responsable de lo sucedido. Estaba casi desnuda delante de su hijo y mojada.

¿Mamá, esto que me pasa es normal? Tengo miedo, no me duele pero me siento extraño. Creo que tengo fiebre y esto no consigo arreglarlo.

Después de recuperarse de la impresión y situarse en su mundo del cual esa visión la había sacado momentáneamente pasó al contra ataque.

Tranquilo hijo que eso se quita con agua y jabón. Ven y veras que fácil es.

Cogió a su hijo en brazos y lo apretó a su pecho mientras lo acercaba al agua. Notaba su erecto pene en su estómago y un sensación de desasosiego invadía su pensamiento. Pablito por su lado se abrazó fuertemente a su madre y notaba esos enormes pechos aplastándose en el suyo. El roce de los mismos junto con el roce de su recién descubierto pene erecto incrementó esa extraña y placentera sensación sin darse cuenta que sus pies ya estaban rodeados de agua y esta le llegaba a las rodillas.

Pablito se quedó mirando los senos de su madre a través del sujetador y alcanzó a preguntarle:

Mamá, ¿Por qué los tienes tan grandes y las demás chicas las tienen pequeñas? ¿Puedo verlas?

Su madre empezó a sentirse muy avergonzada y estaba a punto de irse cuando para su sorpresa Pablito estaba metido en el agua y no se había quejado. Era una situación que no podía desaprovechar y en cierta manera no sabía lo que se sentiría siendo observada por otro hombre que no fuera su marido y eso empezaba a excitarla.

Solo si me prometes estarte quieto mientras te mojo para enjabonarte.

El silencio de Pablito le hacia entender que sí y abrió el agua de la ducha con poca presión y así empezó enjabonar a Pablito evitando cierta zona anteriormente mencionada. Pablito que se daba cuenta intentaba averiguar por que.

¿Ahora puedo verlas y tocarlas?

Solo me habías dicho verlas.

¿Por favor mamá? Me he portado bien.

De acuerdo pero me prometes que no se lo dirás a nadie ¿Verdad?

Vale.

Se alzó y sus brazos se dirigieron a su espalda para desabrocharlo y así cumplir la petición de su retoño. Aparecieron dos bamboleantes senos delante de los ojos todavía enjabonados de Pablito. No sabía que hacer. Apartar la mirada por vergüenza o lanzarse a chupar como cuando era un bebé.

La excitación de ser observada casi desnuda hizo sentirla como una colegiala que quiere descubrir todas las sensaciones que un cuerpo de mujer pueda dar. Cogió las manos de Pablito y estas temblolorosas empezaron a masajear torpemente la abundancia que se ofrecía. Cerró los ojos y se concentró en todas las sensaciones que aunque confusas todas ellas placenteras. De repente sintió algo diferente en su pecho izquierdo, una sensación ya casi olvidada. Pablito había empezado a mamar como si fuera un bebé muy dulce y tiernamente. Su primer orgasmos llegó sin previo aviso.

Después de cierto tiempo así, la madre de Pablito le separó y le dijo que ahora ella iba a arreglar el problema que tenia entre las piernas. Se arrodilló ante él y empezó a masajear aquel aún no desarrollado falo lentamente. Pablito se inundó se unas sensaciones desconocidas y que no quería que acabaran de ninguna manera.

Los labios se acercaron a ese inexperto pene y lo besaron primero casi rozándola para después empezar a lamerlo como un helado de sabor hipnotizante. Pablito no tardó mucho en explotar tanto en sensaciones como físicamente en la boca de su madre y esta aún con la sorpresa empezó a tragar como si el bebé fuera ella y tuviera mucha hambre.

Lo siguiente que recuerda Pablito es el agua caliente golpeando su nuca y resbalando por sus espalda poniendo su piel de gallina y su madre lamiendo su pene y tragando como un bebé.

Sin duda Pablito lo había conseguido, ya no le preocupaba su fobia al agua. Con una madre así la verdad es que pasaría toda la vida en la bañera ¿Verdad?

Las gemelas

La historia que os voy a relatar sucedió hace pocos años cuando aún estudiaba en la facultad. Estábamos en primavera y los últimos días hacía mucho calor en Gijón, por lo que las chicas vestían con poca ropa y los chicos nos alegrábamos la vista viéndolas en los pasillos y en las aulas así vestidas, algunas incluso se podría decir que iban más desvestidas que vestidas.

Todos los días esperaba con ilusión la hora de dibujo. Había que llegar pronto para coger un buen sitio, porque todos los chicos solíamos buscar la esquina de atrás junto a las ventanas. ¿Por qué? Pues muy sencillo: en esa zona del aula siempre se sentaban ellas dos. Ellas eran como dos soles en aquellos días del mes de mayo, dos soles que calentaban a todos los chicos de la facultad, y no precisamente como lo hace el sol que todos conocemos. No, ellas nos calentaban de una forma muy diferente.

Sus nombres los voy a cambiar para no comprometer sus identidades. Isabel era una chica muy morena, sobre 1.68 de altura y una figura que no pasaba desapercibida: poseía las piernas mejor torneadas que había visto en mi vida, que terminaban en un precioso trasero que era objeto de todas las miradas cuando lo paseaba por la facultad. Sus pechos eran de tamaño normal, no eran exageradamente grandes, pero no tenían nada que envidiar a otras, dada su forma puntiaguda que solía exhibir con buenos escotes y camisetas ajustadas. Su edad: 23 añitos.

Acerca de Begoña, pues simplemente decir que era idéntica a Isabel: eran gemelas. Sí, eran como dos gotas de agua. Yo, a pesar de ser amigo suyo, no era capaz de distinguirlas salvo por sus modelitos y su carpeta.

Desde la llegada del buen tiempo unas semanas atrás, la cantidad de ropa que lucían sobre sus cuerpos perfectos había disminuido considerablemente, por lo que los comentarios de los chicos en los pasillos de la facultad habían hecho subir el nivel de asistencia a esa clase hasta llenarla casi por completo, unos 120 alumnos, los cuales éramos casi todo chicos, cuando apenas dos meses atrás asistíamos unos 30 o 35 alumnos de media.

Yo era uno de esos 30 que asistieron todo el curso, por lo que la asignatura la llevaba bien encaminada, ya había sacado una buena nota en el examen parcial de febrero. Sin embargo, ellas parecían pensar más en asuntos de ligoteos y fiestas que en estudiar: muchos días habían faltado a clase, sobre todo al principio de curso, así que habían suspendido el examen y necesitaban examinarse de la asignatura completa en junio para poder aprobar. A Begoña e Isabel solamente les quedaban dos y tres asignaturas, respectivamente, para terminar la carrera, por lo que debían aprobarlas a toda costa para no permanecer otro año más en la facultad.

Empezaron a asistir de forma más regular a clase desde febrero, pero dado que habían perdido el hilo de la asignatura y les faltaban apuntes, se dieron cuenta de que no conseguirían aprobar sin ayuda. Así que, tras ver las notas del parcial y darse cuenta de que yo era uno de los que mejor nota había sacado, decidieron pedirme a mí los apuntes del primer parcial, y muchos días me pedían que les explicara dudas que les iban surgiendo acerca de los ejercicios hechos en clase, por lo que siempre se sentaban a mi lado en clase.

Isabel tenía novio, llevaba poco tiempo con él, de hecho había rumores por la facultad de que se había liado con más de uno de los compañeros, y los comentarios que se oían se centraban en sus habilidades como una gran mamadora de pollas. Begoña por su parte no tenía novio en aquel momento, lo suyo eran más las aventurillas pasajeras. De todo eso me fui dando cuenta yo poco a poco. Begoña era bastante más atrevida que Isabel, al llegar el calor solía vestir minifaldas muy cortas y zapatos de tacón o botas, muchos escotes y a veces se notaba que no llevaba sujetador, más tarde me enteraría que alguna vez ni siquiera bragas...

En fin, el caso es que los lunes solíamos comentar lo que habíamos hecho los fines de semana, y solían calentarme con comentarios provocativos que se lanzaban entre ellas, del tipo:

Pues Isabel el sábado se fue con su novio a dar un paseo, y cuando volvió tenía el vestido arrugado y manchado de tierra...

Ya, y tú por la noche dijiste que te ibas a casa, que Antonio te acompañaba y resulta que 3 horas después volví yo y aún no habías llegado...

Ya, pues tú llegaste con el rimel todo corrido y el top manchado de blanco...

En fin, que no hacían más que calentarme con sus comentarios, sin llegar nunca a hablar de forma explícita de sus prácticas, pero que eran más que evidentes para cualquiera.

A pesar de asistir a clase se notaba que no dedicaban demasiado tiempo en casa a preparar la asignatura, ya que muchas de sus dudas eran acerca de conceptos básicos. Yo intentaba explicárselo, pero lo único que conseguía era parchear parcialmente su falta de base en la asignatura, porque luego no lo repasaban por su cuenta.

El caso es que llegó el examen de junio. Yo volví a sacar una buena nota en el segundo parcial, y aprobé el resto de mis asignaturas, por lo que había conseguido terminar la carrera. Sin embargo, ellas dos volvieron a suspender. A mí por una parte me daba pena porque nos habíamos hecho amigos, pero por otra parte pensaba que era normal, sin estudiar no se puede aprobar, y ellas se lo habían buscado.

El caso es que se me presentaba un verano sin estrés, no tenía planes especiales porque nunca hubiera soñado aprobar todo en junio, había planeado quedarme a preparar las asignaturas que suspendiera para septiembre en el chalet de mis padres, que se iban casi todo el verano fuera y allí podría estudiar tranquilo (y tener alguna juerguecilla con los colegas también, claro).

Sin embargo mis planes para el verano se verían alterados por una llamada telefónica al día siguiente de salir las notas: era Begoña pidiéndome ayuda para preparar dibujo para septiembre. Era la única asignatura que les quedaba a las 2 y debían aprobar como fuera. El caso es que yo tenía todo el verano libre y les dije que por mí no había problema. Podíamos dar alguna clase en el chalet de mis padres, la verdad que después de colgar y pensarlo un poco, pensé en todas las posibilidades que se me presentaban: solo en el chalet de mis padres, con la piscina, el muro que preserva nuestra intimidad... en fin, que unos ratos podíamos estudiar y otros ratos tomar el sol y bañarnos. La simple idea de poder verlas en bikini me hacía ponerme a 1000.

La primera clase fue de iniciación, bastante suave para fijar ciertos conceptos muy básicos que ya había notado que no tenían. Ellas demostraban bastante interés en mis explicaciones, y tras algo más de dos horas de clase, decidí tantear el terreno. Les pregunté si salíamos al jardín a tomar algo, y aceptaron encantadas. Estuvimos charlando un rato, yo llevaba unas bermudas y al verlas allí sentadas luciendo su moreno se me puso dura. Ellas se dieron cuenta de inmediato y entonces Begoña se dirigió a mí:

Aún no hemos hablado del precio de las clases.

No quiero que me paguéis nada, esto lo hago por haceros un favor.

Ya, pues yo había pensado que tal vez podríamos recompensarte por las molestias que te tomas – me dijo entre miradas cómplices con su hermana –.

¿Ah si? ¿Y en que habías pensado? – pregunté haciéndome el tonto –.

¿Que te parece si a cambio de las clases te pagamos en sexo? – me miró de forma insinuante -.

Yo me quedé de piedra, jamás habría soñado llegar tan lejos, la verdad que no me esperaba una respuesta tan directa. El caso es que lo único que me salió de la boca fue un:

Me parece genial.

Ellas se miraron con risitas y Begoña me dijo:

Pues creo que vamos a pagarte la clase que nos acabas de dar. ¿Cuál de las dos te gustaría que te pagara?

Yo a la vez que guiñaba un ojo a Isabel les dije:

¿No podríais pagarme a medias entre las dos?

Entonces se echaron a reír, e Isabel me dijo:

Vaya, con lo recatado que parecías. De acuerdo – me dijo - , creo que es justo, pero no te acostumbres mal – me guiñó un ojo –. No todos los pagos serán compartidos entre las dos.

Y acto seguido comenzó a desabrocharse los botones de su blusa azul. Begoña por su parte comenzó por la minifalda negra de lycra que lucía hoy: simplemente con tirar un poco se desprendió de ella, y ahí pude darme cuenta de que no llevaba bragas. Ahí pude comprobar por primera vez que llevaba la zona púbica completamente depilada: este detalle hizo que mi pene se pusiese como una auténtica roca, y no pude por menos que mostrárselo a ellas quitándome las bermudas. Se miraron y se rieron al ver lo dura que la tenía:

Mira, Begoña, se ve que le has excitado al pobrecillo – dijo Isabel mientras se quitaba la falda negra que llevaba-.

Sí, es verdad, me parece que le gusta lo que está viendo –respondió Begoña-. Tal vez deberías enseñárselo tú también para que nos diga cuál le gusta más.

Isabel llevaba un tanga blanco muy pequeño y un sujetador a juego. Primero se desprendió del sujetador, enseñándome sus bronceados pechos: se ve que a pesar de ser principios del verano ya habían ido mucho a la playa, o tal vez a centros donde tomar rayos UVA. El caso es que mostraba unos pezones oscuritos y puntiagudos, que coronaban unas tetas no increíblemente grandes, pero que sí tenían un aspecto muy apetecible para cualquier chico. A continuación se quitó el tanga, mostrándome la estrecha línea vertical de pelitos que lucía en el pubis, igual que había visto ya en muchas actrices porno. Pero esto era muchísimo mejor: lo tenía ahí, al alcance de mi mano y de mi pene.

Begoña por su parte ya se había quitado el top blanco y escotado que llevaba, y cuando lo hizo comprobé que mis sospechas eran ciertas: tampoco llevaba sujetador, por lo que había salido sin ningún tipo de ropa interior ese día. Ya las tenía a las dos completamente desnudas ante mí. Era curioso recordar que hasta hace muy poco tiempo solamente las distinguía por sus ropas, y ahora, sin ninguna prenda encima, las podía diferenciar únicamente porque Isabel tenía una estrecha tira de vello púbico y Begoña lo llevaba completamente depilado: bonita forma de distinguirlas.

Ellas, al ver mi pene a punto de reventar, decidieron seguir dándome un espectáculo que no había imaginado ni en mis fantasías más calientes: empezaron a acariciarse por todo el cuerpo con las manos, de forma muy lenta y delicada. Ni siquiera tuvieron que dirigirse la palabra para empezar el juego, por lo que pensé que lo habían practicado anteriormente, tal vez excitadas en alguna ocasión en que no tenían ningún chico a mano que las pudiera satisfacer, habían decidido montarse una juerga ellas solas.

Pues ahí tenía delante a esas dos gemelas, acariciándose los hombros, los pechos, bajando poco a poco las manos hacia abajo mientras enlazaban sus lenguas en un morreo en toda regla. Entonces sus manos fueron llegando a sus culos, y poco después empezaron a acariciarse mutuamente el clítoris. Yo ya estaba que no podía más, empecé a acariciarlas también. Entonces les dije:

¿No podéis mover esos deditos más deprisa? Quiero ver como os corréis.

¿Ah sí? – dijo Isabel con cara de viciosilla a la vez que imprimía velocidad a las caricias que hacía a su hermanita.

Yo estaba colocado detrás de Begoña, las tetas de las dos se rozaban con sus movimientos y yo las acariciaba con mi mano derecha. Mientras tanto mi mano izquierda acompañaba a la de Isabel en las caricias al clítoris de Begoña. Entonces decidí dar un paso más: cogí la mano derecha de Begoña y la puse alrededor de mi pene para que me masturbara, y ella empezó a hacerlo con movimientos muy suaves. Lo hacía con mucha delicadeza, apenas rozándolo con sus finas manos, y yo estaba ya loco porque alguna tomara "medidas más serias" con mis asuntos.

Entre mis dedos y los de Isabel, hicimos que Begoña se pusiera tan caliente que dejó mi pene y la rajita de su hermana para tumbarse en el suelo y le pidió que le comiera su coñito, a lo que su Isabel respondió que seguramente le haría más ilusión a otra persona, mientras me hacía una señal para que lo hiciera yo. No me hice esperar y empecé mi tarea con sumo gusto, la verdad que estaba deseando hacerlo. Ella estaba tan mojada que noté que iba a tardar muy poco en correrse, Isabel también se dio cuenta y entonces decidió sentarse sobre la cara de su hermana para que se lo comiera. Yo estaba que no me lo podía creer, al levantar la vista y ver a Begoña comerle el coñito a su hermana gemela mientras yo me comía el suyo completamente depilado me di cuenta de que este verano podía ser realmente increíble, y se me pasaron por la cabeza muchas ideas para ocasiones posteriores, algunas de las cuales se hicieron realidad poco después.

Estábamos así cuando Begoña empezó a tener un gran orgasmo, sacó la lengua de la vagina de su hermana, que anteriormente le había pedido que la metiera lo más adentro que pudiera, y empezó a gritar y a retorcerse de una manera que no había visto hacer a ninguna chica. Yo me esforcé en mover la lengua por sus labios y su clítoris lo más deprisa que pude para hacer que se volviera loca, cosa que conseguí, ya que estuvo un buen rato pidiendo que siguiera, que nunca había sentido un orgasmo tan intenso... y eso hice. Mientras tenía el orgasmo le salía mucho fluido y lo lamí encantado, pues yo creo que ese debe ser el elixir de la eterna juventud... o al menos el del eterno placer.

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Cuando terminó el orgasmo, levanté la mirada y vi que Isabel se estaba metiendo el dedo corazón mientras nos miraba, por lo que decidí dirigirme hacia ella y aplicarle el mismo tratamiento que a su hermana, pero al acercarme, ella me dijo que mejor me tumbara yo en la hierba, que íbamos a probar otra cosa. Me tumbé y entonces ella se puso sobre mí en la posición del 69, y no desperdicié la ocasión para saborear ese otro coñito réplica del que me acababa de comer, pero en versión parcialmente depilada solamente.

Ella por su parte empezó a lamerme el pene desde la base hasta el glande, lo hacía lentamente, tomándose el tiempo necesario para mojarla bien mientras yo le empezaba a masturbar con un dedo el clítoris mientras me deleitaba comiendo su chorreante rajita. Entonces ella empezó a metérsela entera en la boca; en sus rítmicos movimientos de cabeza, sus labios alojaban cada vez un poco más de mi dura polla, hasta que minutos después ya se la conseguía introducir entera hasta tocar su barbilla contra mi vientre, a la vez que mi glande traspasaba ya los límites de su campanilla.. Se veía que Isabel ya tenía mucha experiencia en estas lides, porque no le había costado ningún trabajo metérsela toda hasta la garganta, lo que me hizo darme cuenta de que los rumores que se oían por los pasillos sobre sus increíbles mamadas eran ciertos: era una experta mamadora de pollas.

Yo ya no pude aguantar mucho rato, porque mi excitación por todo lo que había visto minutos antes, y la habilidad de Isabel con su lengua y sus labios me llevaron al orgasmo en pocos minutos. Cuando le dije que estaba a punto de correrme, ella paró un segundo, se quitó de encima de mí para ponerse delante, me miró a los ojos y entonces me dijo:

Tranquilo, no voy a dejar escapar ni una gota – mientras me guiñaba un ojo-.

Y se volvió a meter el pene entero en la boca, manteniendo los labios pegados a la base del pene y moviendo la lengua de una forma que nunca jamás me habían hecho, y sin vuelta atrás empecé a correrme y a soltar todo mi semen en su lengua, que no descansaba ni un segundo. En medio de mis convulsiones se sacó mi pene solamente unos 3 o 4 centímetros y toda la leche que había salido se la tragó mientras la succión que hacía provocaba en mi un placer infinito que me hacía descargar más y más semen en su boca, que ella seguía tragando sin problemas. Yo llevaba ya 4 días sin haberme masturbado, por lo que la cantidad de semen que salió fue increíble, pero Isabel cumplió obedientemente su promesa y no dejó escapar ni una sola gota, tragándoselo todo incluso con la mayor parte de mi polla dentro de la boca.

Cuando por fin recuperé el aliento, ella se sacó el pene y empezó a lamerlo otra vez desde la base hasta el glande para dejarlo bien limpio, momento que aprovechó Begoña para unirse a su hermana y sacarle todo el brillo posible a mi instrumento. Cuando terminaron, sus bocas se separaron de mi pene y se fundieron en un prolongado y lascivo beso en el que compartieron los últimos restos de mi corrida, la imagen quedará grabada para siempre en mis retinas. Pero aún faltaba Isabel por tener su orgasmo, por lo que le dije que se tumbara y le comería el coño como acababa de hacerlo con su hermana, a lo que ella accedió encantada. Yo entonces me dediqué a saborear su rico néctar, mientras que Begoña ahora se dedicaba a sobar los pechos de su hermana y a seguir con los morreos lujuriosos con ella.

Isabel, entre mis dedicaciones orales, y los besos y magreos de Begoña no tardó en derretirse en mi boca, empezando a moverse y gritar como unos minutos antes lo había hecho su hermana. Es increíble lo idénticas que son en todo, como dos gotas de agua incluso en la forma de correrse. Yo por supuesto me comí todo el néctar que salió de su coño.

Cuando por fin dejó de moverse, los tres nos dimos un baño en la piscina, así completamente desnudos, pero ya de forma más amistosa que sexual, y luego de un rato nos salimos, ellas se vistieron y quedamos para volver a "estudiar" al día siguiente. Yo le pedí a Isabel quedarme con su tanga y su sujetador, porque me daba morbo verlas marchar a las dos sin ningún tipo de ropa interior, y que se la devolvería al día siguiente o se lo cambiaba por el nuevo conjunto de lencería que trajese. Ella accedió con una sonrisita cómplice, y me dijo que así le hacía un favor, porque a continuación iba a ver a su novio y a él también le gustaba que no llevase nada debajo.

Y se fueron de mi casa intercambiando comentarios entre ellas mientras yo las veía alejarse, sabiendo que ninguna de aquellas dos bellezas idénticas llevaba ropa interior y que Isabel se iba a ver a su novio a continuación. Si él se imaginara que ella llevaba el estómago lleno de mi semen…

Juegos nocturnos

Cuando ocurrió lo que voy a relatar a continuación yo era un chico muy tímido y, a pesar de tener ya casi 20 años, todavía era virgen. Hasta entonces me había pasado toda la vida centrado en los estudios influenciado sobretodo por mi padre, que siempre me decía que para llegar a ser un hombre de provecho debía concentrarme en mi educación y dejar al margen el resto de cosas que él no consideraba importantes.

Debido a esto, apenas salía de casa ya que siempre estaba concentrado en estudiar. Tampoco tenía muchos amigos, solo aquellos que tenían el mismo interés por los estudios que yo. Y nunca había salido de marcha a bares o discotecas ni fumado ni bebido alcohol.

Todo esto hacía que a mi edad todavía no hubiese intimado con ninguna chica. Y no era por falta de ganas, que si tenía. Se debía a mi gran timidez y a que apenas me relacionaba con otra gente de mi edad.

Por aquella época yo ya había empezado mis estudios universitarios y vivía en casa de mis padres junto a mi hermana mayor. Mi padre apenas estaba en casa ya que siempre estaba viajando por asuntos de negocios, ya que era el jefe de una importante compañía. Era un hombre muy serio que nunca había dado señales de comportamientos extraños y apenas mostraba afecto o interés por otra cosa que no fuera su trabajo.

Esto nos dejaba a mi madre, mi hermana mayor y a mí viviendo juntos casi todo el tiempo. Ellas se metían conmigo continuamente. No entendían que pasase todo el tiempo estudiando en vez de hacer las cosas de un chico de mi edad como salir de fiesta y andar con chicas. A menudo comentaban con sorna que yo debía ser gay, ya que nunca había mostrado interés por las chicas.

Pero la verdad es que si lo tenía, lo que pasaba es que era demasiado tímido para mostrarlo. Y la verdad es que vivir bajo los comentarios negativos de mi madre y hermana tampoco ayudaba. Su influencia sobre mí me cortaba a la hora de mostrarme tal como era y me había impedido acercarme a una chica.

Sin duda mi madre me atacaba en venganza hacía mi padre. Ella no aceptaba sus largas ausencias y que no la pudiese satisfacer sexualmente y proyectaba esa rabia sobre mí, ya que me veía como el fiel relato de mi padre. En su juventud mi madre había sido una mujer muy guapa, modelo de lencería, y se casó muy joven con mi padre seguramente debido a que por entonces mi padre ya era un hombre bastante adinerado.

A pesar de que ya tenía 45 años, ella conservaba aún buena parte de la belleza que la había llevado a ser modelo años antes. Era alta, con pelo moreno muy largo. Había engordado un poco con los años, pero aún conservaba una excelente figura para una mujer de su edad. Tenía unas preciosas curvas, con unos pechos grandes y bien formados y un culo ancho y respingón.

Si yo era el fiel retrato de mi padre, mi hermana mayor lo era de mi madre. Aspiraba también a llegar a ser modelo y se parecía mucho a mi madre de joven. Alta también, con pelo moreno, pechos grandes y perfectos y un culito grande y redondito. Siempre andaba con chicos y cambiaba de novio cada 3 meses.

La verdad es que no debía buscar mucho para encontrar a dos bellas mujeres, las tenía en mi propia casa. Yo admiraba su belleza a pesar de los insultos y los desprecios hacía mí. De hecho creo que esto hacía que me sintiese aún más atraído hacia ellas. Su influencia sobre mí era tan grande que se podía decir que me empezó a obsesionar la idea de poseerlas físicamente.

Yo ya hacía tiempo que había encontrado el antiguo ‘book’ de fotos de mi madre. Cada vez que me quedaba solo en casa lo cogía y me masturbaba admirando a mi mamá vestida con aquellos eróticos conjuntos de lencería. Había ropa interior de todo tipo y mi madre de joven era preciosa, con un cuerpo perfecto y una piel muy tersa.

También había encontrado la manera de poder espiar a mi hermana cuando se estaba cambiando. Me encantaba observarla desnuda y ver su tierno culito y sus preciosas tetas. Y al acabar me pajeaba en mi habitación recordando lo que había visto.

Pasé muchos años haciendo esto siempre que podía, pero había llegado a un punto que mi cuerpo me pedía más. Esto se sumaba a la rabia que me provocaba que ellas pensaran que yo era maricón porqué nunca había hecho el amor con una chica.

Una noche que mi padre no se encontraba en casa debido a uno de sus viajes, decidí que ya no podía aguantar más. Mi madre y mi hermana ya estaban durmiendo pero yo sentía la necesidad de tocar sus bellos cuerpos y hacerlos míos, así que me armé de valor y me dirigí a la habitación de mi hermana.

Ella dormía de lado tapada con la sábana. Me acerqué y le toqué el hombro para asegurarme de que dormía profundamente. No reaccionó así que la destapé para poder contemplar su cuerpo. Sólo llevaba puestos una camiseta de tirantes blanca y un tanguita negro muy pequeño. La simple visión de aquél hermoso culo me la puso dura en un instante. Empecé a acariciarle por la cintura y fui bajando mi mano hasta llegar a su culito.

Acariciaba sus nalgas suavemente y ella parecía no darse cuenta, por lo que me fui animando y empecé a sobarle el culo con más fuerza. Luego pasé mi mano por la rajita de su culo hasta llegar a su conejito. Lo acariciaba y notaba el calor que desprendía a través del tanga.

Con la otra mano me bajé los calzoncillos como pude y empecé a menearme la polla lentamente. Mi hermana se movió y se quedó boca arriba, al principio me asusté pensando que se había despertado. Me aseguré de que seguía durmiendo y seguí con los toqueteos. La camiseta blanca se transparentaba y se podían apreciar sus grandes y rosaditos pezones. Seguí acariciándola por la barriga y luego fui subiendo hasta pasar mi mano por debajo de su camiseta y llegar a sus tetas.

Empecé a sobarlas y podía notar como sus pezones se iban endureciendo. Tenía unas tetas fantásticas, más grandes de lo que parecían y blanditas. Luego volví a bajar mi mano hasta posarme otra vez en su coño. Lo acariciaba con mis dedos por encima del tanga y notaba el contorno de sus labios y la hendidura de su rajita, que se iba humedeciendo.

Tenía el rabo empinadísimo, casi estaba a punto de correrme pero me aguantaba porqué tenia miedo que mi hermana se pudiese despertar. Ella se volvió a mover otra vez en su sueño y se puso boca abajo, dejando su culo en total disposición. Yo estaba totalmente cachondo y empecé a dejarme llevar por el momento. Me quité los calzoncillos y me puse de rodillas en la cama, justo detrás del culo de mi hermana.

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Me armé de valor y como ella parecía no darse cuenta de que yo estaba ahí empecé a lamerle las nalgas. Me encantaba el sabor de su piel y el tacto suave que tenían. Con la mano seguía acariciando su coñito que ya empezaba a estar bastante mojado. Sobaba sus nalgas con energía y las separaba con las manos, podía ver su ojete apenas tapado por la tira del tanga y aquella visión me volvía loco.

Ella seguía sin percatarse de nada y seguía durmiendo tranquilamente, pero yo estaba muy caliente. Tener ese precioso culo a mi total disposición me hacía desear poseerlo allí mismo. Tenía la polla muy dura y a punto de descargar. Empecé a deslizarla por entre las nalgas de mi hermana y por debajo de su tanga. El líquido lubricante que brotaba de mi polla ayudaba a que se deslizara mejor por el culo de mi hermana y lo hacía sumamente agradable. Yo agarraba con fuerza su culito y daba rápidas culadas, deseando correrme de una vez.

Seguí moviéndome cada vez más rápido, disfrutando como un loco hasta que por fin me corrí. Descargué un gran chorro de leche que cayó en la espalda de mi hermana, manchando su camisetita blanca. Me dio tanto gusto esa corrida que no pude evitar soltar unos gemidos de placer, sin darme casi cuenta que podía despertar a mi hermana. Pero aunque había intentado ir con bastante cuidado, mis bruscos movimientos y mis ruidos acabaron por despertarla. Empezó a moverse y se levantó dándose la vuelta hacia mí. En ese momento se me heló la sangre.

"¿Pero que pasa...?" dijo ella medio dormida.

Se apartó el pelo de la cara e intentando abrir los ojos pudo verme ahí mismo de rodillas desnudo en la cama, con la polla aún dura goteando semen.

"¿Pero que coño has hecho hermanito?" me preguntó extrañada. Yo estaba muerto de vergüenza y seguía un poco aturdido después de correrme por lo que no pude decir nada. Ella se tocó la espalda y notó mi semen por toda su camiseta.

"Será posible… mi hermanito… ahora resultara que no eres tan maricón como nos pensábamos" dijo mientras se quitaba la camiseta y la tiraba al suelo. Sus pechos desnudos quedaron frente a mí, apuntándome con sus duros pezones. "¿Te pongo cachondo verdad hermanito?"

Yo no sabía que decir, me avergonzaba lo que acababa de hacer y que ella me hubiese descubierto, aunque la verdad es que no podía apartar la mirada de esa delicia de tetas. Pero mi hermana, en vez de enfadarse parecía que estaba disfrutando con la situación. Sonreía como burlándose de mí, consciente de que tenía un nuevo motivo para meterse conmigo. Entonces sus ojos se pararon en mi polla.

"Joder, pero que pollón tienes hermanito… debe medir como 20 centímetros. No solo no eres maricón, sino que además tienes una polla de semental. Que calladito te lo tenías…".

Yo nunca me había percatado de que tenía una polla grande. La verdad es que nunca había visto a otro hombre desnudo así que no tenía con quien compararme. Mi hermana se acercó a mí y empezó a tocármela. Enseguida se me puso dura otra vez, no me podía creer que mi hermana me estuviese tocando el rabo y eso me excitaba mucho. Siguió meneándomela un rato hasta que la erección fue total.

"Tu te has corrido conmigo, ahora me toca a mí. Esto me está poniendo muy cachonda. Me vas a comer el coñito. ¿Nunca te has comido un coño verdad hermanito?" dijo ella, yo contesté que no con la cabeza. Mi hermana se quitó el tanga y dejó a la vista su rico conejito. Lo tenía totalmente rasurado y ya estas alturas ya lo tenía bien abierto y mojadito. Me cogió por el pelo y me metió la cabeza entre sus piernas. Yo no sabía muy bien que hacer, así que empecé a lamer su raja.

"Así, así, muy bien hermanito, sigue así" gemía ella mientras me seguía agarrando del pelo y me metía la cabeza más hondo entre sus piernas. Yo hacía lo que podía, sus jugos vaginales me mojaban la boca y sus muslos me apretaban la cabeza. Ella gritaba desesperada y pedía más, pero yo apenas daba abasto intentando lamer y chupar su coño.

Entonces ella empezó a agitarse más rápido y su respiración se volvió más entrecortada. Una ola de líquido caliente me inundó la cara y casi me ahoga. Mi hermana gritó de placer y se corrió en toda mi cara. Sus piernas se relajaron y me soltó el pelo y por fin pude sacar mi cabeza de ahí.

"¿Qué estáis haciendo? dijo una voz que venía de detrás nuestro. Me giré y vi que era mi madre que estaba observándonos desde la puerta.

"Mamá, ¿cuanto rato llevas ahí mirando? Pregunté yo sorprendido.

"El suficiente para ver lo bien que se lo están pasando mis hijitos" contestó mientras se iba acercando. Entonces pude ver que llevaba puesto un camisón largo negro y transparente sin nada debajo por lo que se podían ver sus preciosas curvas, sus grandes senos y un conejito muy bien depilado.

"¿Has visto mamá? Resulta que no es un maricón como pensábamos, además mira que pollón gasta". Dijo mi hermana señalándole a mi madre mi polla empinada. Ella se acercó hasta que pudo tocarla y empezó a pajearmela.

"¿Te gusta esto verdad mi hijito?" preguntó ella. Yo le respondí que si y me incliné hacia atrás disfrutando de su masaje especial. "Tu papá no la tiene tan grande y además él nunca esta aquí para satisfacerme" siguió contándome, pero yo apenas escuchaba, solo quería disfrutar del momento.

Entonces mi madre se puso de rodillas en el suelo y se metió mi polla en la boca. Empezó a chupármela suavemente mientras me la meneaba con una mano. Aquella era una sensación deliciosa, tener sus sensuales labios y su húmeda lengua rodeando y chupando mi capullo.

"Toma hija, chúpale la polla a tu hermanito, vamos a convertir a este maricón en todo un hombre" dijo mi madre ofreciéndole mi pene erecto. Ella se acercó y se metió el capullo en la boca, mientras mi madre me la aguantaba con una mano y me la pajeaba.

Siguieron un rato chupándome la polla por turnos. Mi madre era la que la aguantaba y se la iba ofreciendo a mi hermana cuando ella no la estaba chupando. Sus manos toqueteaban mis huevos y acariciaban mis piernas y estomago. Yo estaba en la gloria, aquello era mucho más que una fantasía hecha realidad, ya que nunca en mi vida me hubiese imaginado que algún día mi madre y mi hermana mayor me estarían comiendo la polla.

Mi madre se levantó y se quitó el camisón, quedándose totalmente desnuda delante de mí. Contemplé encantado su precioso cuerpo desnudo, sus deliciosas curvas, sus grandes pechos y sus anchas caderas mientras mi hermana me seguía chupando la polla con ganas. Mi mamá me cogió de la mano y la acercó a su coñito, me hizo que empezara a acariciar su lindo conejito y yo lo hice con los dedos, separando sus labios e introduciéndolos por su húmeda rajita.

"Hijo mío, ha llegado la hora de que te folles a tu hermanita, ella esta deseando convertirte en todo un hombre" dijo mi madre entre gemidos. Mi hermana no tardó en tumbarse en la cama con las piernas bien abiertas, ofreciéndome su coño abierto y mojadito. Yo estaba un poco nervioso porque nunca lo había hecho antes, pero mi madre me ayudó a ponerme encima de mi hermana y con su mano guió a mi polla hasta dentro de la vagina de mi hermana.

La sensación de entrar en ese agujerito húmedo y caliente fue sumamente agradable. Mi hermana gimió levemente al notar mi polla dentro y empezó a gemir más a medida que fui bombeando dentro de su coño. Mi madre estaba detrás de mí, acariciándome el pecho y susurrándome al oído.

"Así hijo, muy bien, fóllate a tu hermanita, a ella le encanta".

"Mmmmmm si, si… que polla más rica, quiero más, más…" gemía desconsolada de placer mi hermana.

Seguí un rato más, pero mi madre no tardó en apartarme de mi hermana. No quería que mi hermana fuese la única que disfrutase de eso, ella también quería un poco de mi polla rica. Me tumbó en la cama y se puso encima, metiéndose mi polla hasta el fondo, y empezó a cabalgarme. Sus tetorras botaban justo en frente de mi cara y yo no me pude resistir a cogerlas y empezar a chupar sus ricos pezones.

Mi hermana mientras, observaba la escena masturbándose a nuestro lado. Se frotaba el coño con energía y se metía los dedos por la vagina gimiendo como una perra en celo. Yo seguía follándome a mi mamá, que me montaba meneando su culo encima de mí. Cuando parecía que estaba a punto de correrme otra vez, mi madre se quitó de encima de mí y se puso de rodillas otra vez frente a la cama.

Esta vez puso mi polla entre sus pechos y me empezó a hacer una cubana. Mi hermana se acercó y me lamía el capullo mientras con una mano se seguía masturbando. Los tres estábamos en pleno éxtasis y apenas éramos conscientes de lo que hacíamos, solo queríamos disfrutar de todo el placer que nos proporcionábamos.

Mi madre siguió frotando sus tetas en mi polla. Luego se acercó con su lengua y fue bajando hasta llegar a mis huevos y los empezó a chupar con fuerza. Siguió bajando y me empezó a lamer el ojete del culo. Al principio me pareció una sensación un poco extraña, pero me fue gustando y abrí las piernas todo lo que pude para que mi madre me llegase mejor al culo. Mientras mi hermana me empezó a comer el rabo, tragándoselo hasta el fondo y llenándolo de saliva.

"Hija, móntate encima de tu hermana y fóllatelo" ordenó mi madre. Mi hermana no tardó un instante en hacerle caso, se puso encima de mí y se introdujo mi polla todo lo hondo que pudo. Enseguida empezó a menear su culo y a agitar todo su cuerpo disfrutando hasta el último centímetro de mi rabo. Se agarraba las tetas y se pellizcaba los pezones mientras gemía como una loca.

Mamá seguía chupándome los huevos, pero de vez en cuando también lamía el ojete de mi hermana. Se notaba que estaba disfrutando como nunca al ver a sus dos hijos follando como unos salvajes, pero sobretodo por verme convertido en todo un macho. Entonces, de pronto empezó a meter un dedo por el culo de mi hermana.

"Ahora te vas a follar a tu hermanita por el culo, a ella le va a encantar" dijo mientras mi hermana se relamía de gusto. Pero lo mejor vino cuando me agarró la polla, la sacó del coño de mi hermana y la metió por su culo. Mi hermana casi se corre de gusto al notar todo mi pollón por su estrecho agujerito. Se frotaba el clítoris mientras se movía arriba y abajo clavándose mi polla hasta el fondo.

Luego se apartó y se puso a cuatro patas sobre la cama, puso el culo bien en pompa ofreciéndome su ojete totalmente abierto. Enseguida me acerqué a ella y le clavé otra vez la polla hasta el fondo y empecé a follarme su culito. Mi madre no quería ser menos y se puso también a cuatro patas al lado de mi hermana. Se separó las nalgas con las manos ofreciéndome el agujero del culo.

Después de encular un buen rato a mi hermana y cuando ya no pudo aguantar más del dolor, pasé a penetrar el culo a mi madre. Me costó un poco meterla primero, pero apreté fuerte y se la clavé hasta el fondo. Mi madre lanzó un gran grito de dolor, pero a mi no me importó en absoluto, quería hacerla sufrir un poco aunque la verdad es que no tardó nada en empezar a gustarle mi polla por su culo estrecho.

Mientras me follaba a mi madre por detrás, ellas dos se besaban apasionadamente. Sus lenguas se entrelazaban y se comían las bocas con ansia. Se frotaban el coño y gemían desesperadas deseando correrse ya. Yo estaba a punto de descargar toda mi leche otra vez. Que placer más grande había sido follármelas por todos sus agujeros. Di un par de culadas más y me corrí soltando mi semen en el culo de mi madre, llenando todo su agujerito de leche calentita. Mi hermana se acercó y le solté un par de chorros más en su boca de guarra, que ella no tardó nada en tragarse.

Los tres nos tumbamos en la cama agotados y no tardamos mucho en dormirnos juntos. Al día siguiente ellas me confesaron que no esperaban de mí que fuese tan buen amante y que estaban sorprendidas de que me hubiese atrevido a follar con ellas. Me contaron que muchas veces se lo montaban juntas por las noches, ya que mi madre no tenía a nadie más con quien hacerlo.

A partir de entonces encontraron una nueva diversión en mí. Muchas veces repetíamos lo de aquella noche y algunas noches lo hacía solo con mi hermana o con mi madre. Yo siempre estaba dispuesto a satisfacerlas y ellas sabían que podían contar conmigo siempre. Además se me quitó la timidez con las chicas y desde entonces ya no tuve ningún problema en encontrar novias.