Juegos nocturnos

Cuando ocurrió lo que voy a relatar a continuación yo era un chico muy tímido y, a pesar de tener ya casi 20 años, todavía era virgen. Hasta entonces me había pasado toda la vida centrado en los estudios influenciado sobretodo por mi padre, que siempre me decía que para llegar a ser un hombre de provecho debía concentrarme en mi educación y dejar al margen el resto de cosas que él no consideraba importantes.

Debido a esto, apenas salía de casa ya que siempre estaba concentrado en estudiar. Tampoco tenía muchos amigos, solo aquellos que tenían el mismo interés por los estudios que yo. Y nunca había salido de marcha a bares o discotecas ni fumado ni bebido alcohol.

Todo esto hacía que a mi edad todavía no hubiese intimado con ninguna chica. Y no era por falta de ganas, que si tenía. Se debía a mi gran timidez y a que apenas me relacionaba con otra gente de mi edad.

Por aquella época yo ya había empezado mis estudios universitarios y vivía en casa de mis padres junto a mi hermana mayor. Mi padre apenas estaba en casa ya que siempre estaba viajando por asuntos de negocios, ya que era el jefe de una importante compañía. Era un hombre muy serio que nunca había dado señales de comportamientos extraños y apenas mostraba afecto o interés por otra cosa que no fuera su trabajo.

Esto nos dejaba a mi madre, mi hermana mayor y a mí viviendo juntos casi todo el tiempo. Ellas se metían conmigo continuamente. No entendían que pasase todo el tiempo estudiando en vez de hacer las cosas de un chico de mi edad como salir de fiesta y andar con chicas. A menudo comentaban con sorna que yo debía ser gay, ya que nunca había mostrado interés por las chicas.

Pero la verdad es que si lo tenía, lo que pasaba es que era demasiado tímido para mostrarlo. Y la verdad es que vivir bajo los comentarios negativos de mi madre y hermana tampoco ayudaba. Su influencia sobre mí me cortaba a la hora de mostrarme tal como era y me había impedido acercarme a una chica.

Sin duda mi madre me atacaba en venganza hacía mi padre. Ella no aceptaba sus largas ausencias y que no la pudiese satisfacer sexualmente y proyectaba esa rabia sobre mí, ya que me veía como el fiel relato de mi padre. En su juventud mi madre había sido una mujer muy guapa, modelo de lencería, y se casó muy joven con mi padre seguramente debido a que por entonces mi padre ya era un hombre bastante adinerado.

A pesar de que ya tenía 45 años, ella conservaba aún buena parte de la belleza que la había llevado a ser modelo años antes. Era alta, con pelo moreno muy largo. Había engordado un poco con los años, pero aún conservaba una excelente figura para una mujer de su edad. Tenía unas preciosas curvas, con unos pechos grandes y bien formados y un culo ancho y respingón.

Si yo era el fiel retrato de mi padre, mi hermana mayor lo era de mi madre. Aspiraba también a llegar a ser modelo y se parecía mucho a mi madre de joven. Alta también, con pelo moreno, pechos grandes y perfectos y un culito grande y redondito. Siempre andaba con chicos y cambiaba de novio cada 3 meses.

La verdad es que no debía buscar mucho para encontrar a dos bellas mujeres, las tenía en mi propia casa. Yo admiraba su belleza a pesar de los insultos y los desprecios hacía mí. De hecho creo que esto hacía que me sintiese aún más atraído hacia ellas. Su influencia sobre mí era tan grande que se podía decir que me empezó a obsesionar la idea de poseerlas físicamente.

Yo ya hacía tiempo que había encontrado el antiguo ‘book’ de fotos de mi madre. Cada vez que me quedaba solo en casa lo cogía y me masturbaba admirando a mi mamá vestida con aquellos eróticos conjuntos de lencería. Había ropa interior de todo tipo y mi madre de joven era preciosa, con un cuerpo perfecto y una piel muy tersa.

También había encontrado la manera de poder espiar a mi hermana cuando se estaba cambiando. Me encantaba observarla desnuda y ver su tierno culito y sus preciosas tetas. Y al acabar me pajeaba en mi habitación recordando lo que había visto.

Pasé muchos años haciendo esto siempre que podía, pero había llegado a un punto que mi cuerpo me pedía más. Esto se sumaba a la rabia que me provocaba que ellas pensaran que yo era maricón porqué nunca había hecho el amor con una chica.

Una noche que mi padre no se encontraba en casa debido a uno de sus viajes, decidí que ya no podía aguantar más. Mi madre y mi hermana ya estaban durmiendo pero yo sentía la necesidad de tocar sus bellos cuerpos y hacerlos míos, así que me armé de valor y me dirigí a la habitación de mi hermana.

Ella dormía de lado tapada con la sábana. Me acerqué y le toqué el hombro para asegurarme de que dormía profundamente. No reaccionó así que la destapé para poder contemplar su cuerpo. Sólo llevaba puestos una camiseta de tirantes blanca y un tanguita negro muy pequeño. La simple visión de aquél hermoso culo me la puso dura en un instante. Empecé a acariciarle por la cintura y fui bajando mi mano hasta llegar a su culito.

Acariciaba sus nalgas suavemente y ella parecía no darse cuenta, por lo que me fui animando y empecé a sobarle el culo con más fuerza. Luego pasé mi mano por la rajita de su culo hasta llegar a su conejito. Lo acariciaba y notaba el calor que desprendía a través del tanga.

Con la otra mano me bajé los calzoncillos como pude y empecé a menearme la polla lentamente. Mi hermana se movió y se quedó boca arriba, al principio me asusté pensando que se había despertado. Me aseguré de que seguía durmiendo y seguí con los toqueteos. La camiseta blanca se transparentaba y se podían apreciar sus grandes y rosaditos pezones. Seguí acariciándola por la barriga y luego fui subiendo hasta pasar mi mano por debajo de su camiseta y llegar a sus tetas.

Empecé a sobarlas y podía notar como sus pezones se iban endureciendo. Tenía unas tetas fantásticas, más grandes de lo que parecían y blanditas. Luego volví a bajar mi mano hasta posarme otra vez en su coño. Lo acariciaba con mis dedos por encima del tanga y notaba el contorno de sus labios y la hendidura de su rajita, que se iba humedeciendo.

Tenía el rabo empinadísimo, casi estaba a punto de correrme pero me aguantaba porqué tenia miedo que mi hermana se pudiese despertar. Ella se volvió a mover otra vez en su sueño y se puso boca abajo, dejando su culo en total disposición. Yo estaba totalmente cachondo y empecé a dejarme llevar por el momento. Me quité los calzoncillos y me puse de rodillas en la cama, justo detrás del culo de mi hermana.

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Me armé de valor y como ella parecía no darse cuenta de que yo estaba ahí empecé a lamerle las nalgas. Me encantaba el sabor de su piel y el tacto suave que tenían. Con la mano seguía acariciando su coñito que ya empezaba a estar bastante mojado. Sobaba sus nalgas con energía y las separaba con las manos, podía ver su ojete apenas tapado por la tira del tanga y aquella visión me volvía loco.

Ella seguía sin percatarse de nada y seguía durmiendo tranquilamente, pero yo estaba muy caliente. Tener ese precioso culo a mi total disposición me hacía desear poseerlo allí mismo. Tenía la polla muy dura y a punto de descargar. Empecé a deslizarla por entre las nalgas de mi hermana y por debajo de su tanga. El líquido lubricante que brotaba de mi polla ayudaba a que se deslizara mejor por el culo de mi hermana y lo hacía sumamente agradable. Yo agarraba con fuerza su culito y daba rápidas culadas, deseando correrme de una vez.

Seguí moviéndome cada vez más rápido, disfrutando como un loco hasta que por fin me corrí. Descargué un gran chorro de leche que cayó en la espalda de mi hermana, manchando su camisetita blanca. Me dio tanto gusto esa corrida que no pude evitar soltar unos gemidos de placer, sin darme casi cuenta que podía despertar a mi hermana. Pero aunque había intentado ir con bastante cuidado, mis bruscos movimientos y mis ruidos acabaron por despertarla. Empezó a moverse y se levantó dándose la vuelta hacia mí. En ese momento se me heló la sangre.

"¿Pero que pasa...?" dijo ella medio dormida.

Se apartó el pelo de la cara e intentando abrir los ojos pudo verme ahí mismo de rodillas desnudo en la cama, con la polla aún dura goteando semen.

"¿Pero que coño has hecho hermanito?" me preguntó extrañada. Yo estaba muerto de vergüenza y seguía un poco aturdido después de correrme por lo que no pude decir nada. Ella se tocó la espalda y notó mi semen por toda su camiseta.

"Será posible… mi hermanito… ahora resultara que no eres tan maricón como nos pensábamos" dijo mientras se quitaba la camiseta y la tiraba al suelo. Sus pechos desnudos quedaron frente a mí, apuntándome con sus duros pezones. "¿Te pongo cachondo verdad hermanito?"

Yo no sabía que decir, me avergonzaba lo que acababa de hacer y que ella me hubiese descubierto, aunque la verdad es que no podía apartar la mirada de esa delicia de tetas. Pero mi hermana, en vez de enfadarse parecía que estaba disfrutando con la situación. Sonreía como burlándose de mí, consciente de que tenía un nuevo motivo para meterse conmigo. Entonces sus ojos se pararon en mi polla.

"Joder, pero que pollón tienes hermanito… debe medir como 20 centímetros. No solo no eres maricón, sino que además tienes una polla de semental. Que calladito te lo tenías…".

Yo nunca me había percatado de que tenía una polla grande. La verdad es que nunca había visto a otro hombre desnudo así que no tenía con quien compararme. Mi hermana se acercó a mí y empezó a tocármela. Enseguida se me puso dura otra vez, no me podía creer que mi hermana me estuviese tocando el rabo y eso me excitaba mucho. Siguió meneándomela un rato hasta que la erección fue total.

"Tu te has corrido conmigo, ahora me toca a mí. Esto me está poniendo muy cachonda. Me vas a comer el coñito. ¿Nunca te has comido un coño verdad hermanito?" dijo ella, yo contesté que no con la cabeza. Mi hermana se quitó el tanga y dejó a la vista su rico conejito. Lo tenía totalmente rasurado y ya estas alturas ya lo tenía bien abierto y mojadito. Me cogió por el pelo y me metió la cabeza entre sus piernas. Yo no sabía muy bien que hacer, así que empecé a lamer su raja.

"Así, así, muy bien hermanito, sigue así" gemía ella mientras me seguía agarrando del pelo y me metía la cabeza más hondo entre sus piernas. Yo hacía lo que podía, sus jugos vaginales me mojaban la boca y sus muslos me apretaban la cabeza. Ella gritaba desesperada y pedía más, pero yo apenas daba abasto intentando lamer y chupar su coño.

Entonces ella empezó a agitarse más rápido y su respiración se volvió más entrecortada. Una ola de líquido caliente me inundó la cara y casi me ahoga. Mi hermana gritó de placer y se corrió en toda mi cara. Sus piernas se relajaron y me soltó el pelo y por fin pude sacar mi cabeza de ahí.

"¿Qué estáis haciendo? dijo una voz que venía de detrás nuestro. Me giré y vi que era mi madre que estaba observándonos desde la puerta.

"Mamá, ¿cuanto rato llevas ahí mirando? Pregunté yo sorprendido.

"El suficiente para ver lo bien que se lo están pasando mis hijitos" contestó mientras se iba acercando. Entonces pude ver que llevaba puesto un camisón largo negro y transparente sin nada debajo por lo que se podían ver sus preciosas curvas, sus grandes senos y un conejito muy bien depilado.

"¿Has visto mamá? Resulta que no es un maricón como pensábamos, además mira que pollón gasta". Dijo mi hermana señalándole a mi madre mi polla empinada. Ella se acercó hasta que pudo tocarla y empezó a pajearmela.

"¿Te gusta esto verdad mi hijito?" preguntó ella. Yo le respondí que si y me incliné hacia atrás disfrutando de su masaje especial. "Tu papá no la tiene tan grande y además él nunca esta aquí para satisfacerme" siguió contándome, pero yo apenas escuchaba, solo quería disfrutar del momento.

Entonces mi madre se puso de rodillas en el suelo y se metió mi polla en la boca. Empezó a chupármela suavemente mientras me la meneaba con una mano. Aquella era una sensación deliciosa, tener sus sensuales labios y su húmeda lengua rodeando y chupando mi capullo.

"Toma hija, chúpale la polla a tu hermanito, vamos a convertir a este maricón en todo un hombre" dijo mi madre ofreciéndole mi pene erecto. Ella se acercó y se metió el capullo en la boca, mientras mi madre me la aguantaba con una mano y me la pajeaba.

Siguieron un rato chupándome la polla por turnos. Mi madre era la que la aguantaba y se la iba ofreciendo a mi hermana cuando ella no la estaba chupando. Sus manos toqueteaban mis huevos y acariciaban mis piernas y estomago. Yo estaba en la gloria, aquello era mucho más que una fantasía hecha realidad, ya que nunca en mi vida me hubiese imaginado que algún día mi madre y mi hermana mayor me estarían comiendo la polla.

Mi madre se levantó y se quitó el camisón, quedándose totalmente desnuda delante de mí. Contemplé encantado su precioso cuerpo desnudo, sus deliciosas curvas, sus grandes pechos y sus anchas caderas mientras mi hermana me seguía chupando la polla con ganas. Mi mamá me cogió de la mano y la acercó a su coñito, me hizo que empezara a acariciar su lindo conejito y yo lo hice con los dedos, separando sus labios e introduciéndolos por su húmeda rajita.

"Hijo mío, ha llegado la hora de que te folles a tu hermanita, ella esta deseando convertirte en todo un hombre" dijo mi madre entre gemidos. Mi hermana no tardó en tumbarse en la cama con las piernas bien abiertas, ofreciéndome su coño abierto y mojadito. Yo estaba un poco nervioso porque nunca lo había hecho antes, pero mi madre me ayudó a ponerme encima de mi hermana y con su mano guió a mi polla hasta dentro de la vagina de mi hermana.

La sensación de entrar en ese agujerito húmedo y caliente fue sumamente agradable. Mi hermana gimió levemente al notar mi polla dentro y empezó a gemir más a medida que fui bombeando dentro de su coño. Mi madre estaba detrás de mí, acariciándome el pecho y susurrándome al oído.

"Así hijo, muy bien, fóllate a tu hermanita, a ella le encanta".

"Mmmmmm si, si… que polla más rica, quiero más, más…" gemía desconsolada de placer mi hermana.

Seguí un rato más, pero mi madre no tardó en apartarme de mi hermana. No quería que mi hermana fuese la única que disfrutase de eso, ella también quería un poco de mi polla rica. Me tumbó en la cama y se puso encima, metiéndose mi polla hasta el fondo, y empezó a cabalgarme. Sus tetorras botaban justo en frente de mi cara y yo no me pude resistir a cogerlas y empezar a chupar sus ricos pezones.

Mi hermana mientras, observaba la escena masturbándose a nuestro lado. Se frotaba el coño con energía y se metía los dedos por la vagina gimiendo como una perra en celo. Yo seguía follándome a mi mamá, que me montaba meneando su culo encima de mí. Cuando parecía que estaba a punto de correrme otra vez, mi madre se quitó de encima de mí y se puso de rodillas otra vez frente a la cama.

Esta vez puso mi polla entre sus pechos y me empezó a hacer una cubana. Mi hermana se acercó y me lamía el capullo mientras con una mano se seguía masturbando. Los tres estábamos en pleno éxtasis y apenas éramos conscientes de lo que hacíamos, solo queríamos disfrutar de todo el placer que nos proporcionábamos.

Mi madre siguió frotando sus tetas en mi polla. Luego se acercó con su lengua y fue bajando hasta llegar a mis huevos y los empezó a chupar con fuerza. Siguió bajando y me empezó a lamer el ojete del culo. Al principio me pareció una sensación un poco extraña, pero me fue gustando y abrí las piernas todo lo que pude para que mi madre me llegase mejor al culo. Mientras mi hermana me empezó a comer el rabo, tragándoselo hasta el fondo y llenándolo de saliva.

"Hija, móntate encima de tu hermana y fóllatelo" ordenó mi madre. Mi hermana no tardó un instante en hacerle caso, se puso encima de mí y se introdujo mi polla todo lo hondo que pudo. Enseguida empezó a menear su culo y a agitar todo su cuerpo disfrutando hasta el último centímetro de mi rabo. Se agarraba las tetas y se pellizcaba los pezones mientras gemía como una loca.

Mamá seguía chupándome los huevos, pero de vez en cuando también lamía el ojete de mi hermana. Se notaba que estaba disfrutando como nunca al ver a sus dos hijos follando como unos salvajes, pero sobretodo por verme convertido en todo un macho. Entonces, de pronto empezó a meter un dedo por el culo de mi hermana.

"Ahora te vas a follar a tu hermanita por el culo, a ella le va a encantar" dijo mientras mi hermana se relamía de gusto. Pero lo mejor vino cuando me agarró la polla, la sacó del coño de mi hermana y la metió por su culo. Mi hermana casi se corre de gusto al notar todo mi pollón por su estrecho agujerito. Se frotaba el clítoris mientras se movía arriba y abajo clavándose mi polla hasta el fondo.

Luego se apartó y se puso a cuatro patas sobre la cama, puso el culo bien en pompa ofreciéndome su ojete totalmente abierto. Enseguida me acerqué a ella y le clavé otra vez la polla hasta el fondo y empecé a follarme su culito. Mi madre no quería ser menos y se puso también a cuatro patas al lado de mi hermana. Se separó las nalgas con las manos ofreciéndome el agujero del culo.

Después de encular un buen rato a mi hermana y cuando ya no pudo aguantar más del dolor, pasé a penetrar el culo a mi madre. Me costó un poco meterla primero, pero apreté fuerte y se la clavé hasta el fondo. Mi madre lanzó un gran grito de dolor, pero a mi no me importó en absoluto, quería hacerla sufrir un poco aunque la verdad es que no tardó nada en empezar a gustarle mi polla por su culo estrecho.

Mientras me follaba a mi madre por detrás, ellas dos se besaban apasionadamente. Sus lenguas se entrelazaban y se comían las bocas con ansia. Se frotaban el coño y gemían desesperadas deseando correrse ya. Yo estaba a punto de descargar toda mi leche otra vez. Que placer más grande había sido follármelas por todos sus agujeros. Di un par de culadas más y me corrí soltando mi semen en el culo de mi madre, llenando todo su agujerito de leche calentita. Mi hermana se acercó y le solté un par de chorros más en su boca de guarra, que ella no tardó nada en tragarse.

Los tres nos tumbamos en la cama agotados y no tardamos mucho en dormirnos juntos. Al día siguiente ellas me confesaron que no esperaban de mí que fuese tan buen amante y que estaban sorprendidas de que me hubiese atrevido a follar con ellas. Me contaron que muchas veces se lo montaban juntas por las noches, ya que mi madre no tenía a nadie más con quien hacerlo.

A partir de entonces encontraron una nueva diversión en mí. Muchas veces repetíamos lo de aquella noche y algunas noches lo hacía solo con mi hermana o con mi madre. Yo siempre estaba dispuesto a satisfacerlas y ellas sabían que podían contar conmigo siempre. Además se me quitó la timidez con las chicas y desde entonces ya no tuve ningún problema en encontrar novias.